Palabras con fuerza de trompadas
Roberto Marafioti
Profesor de la UNLZ
Siempre se han filtrado mecanismos a partir de los cuales los actores dan cuenta de su estilo personal. Cada uno, además, actúa y responde en función del interlocutor y del auditorio. La emoción es un ingrediente que no debería pensarse como externo sino más bien como el componente que da sabor y color a los debates políticos.
En tiempos de pantallas la pasión se instala en las imágenes y brota de las palabras. Éstas buscan, en muchas ocasiones, tener la contundencia de una trompada. La violencia por medio de la palabra siempre fue el insulto. Schopenhauer sostenía que "quien insulta pone de manifiesto que no tiene nada sustancial que oponerle al otro; ya que de lo contrario lo invocaría como premisa y dejaría que el auditorio extrajera su propia conclusión; en lugar de ello, proporciona la conclusión y queda debiendo las premisas". Él mismo no siempre respetó esto. Pero es justo reconocer que el empleo de la injuria es una frontera, un extremo y no puede ser pensado como una herramienta de uso cotidiano. No nos manejamos diariamente con vehemencia, polarización y crispación.
Debate por la escalada de frases violentas de personajes públicos
Semiólogos y lingüistas reflexionan sobre la importancia del respeto
y la argumentación
Por: Gabriel Giubellino
El que mata, debe morir, dijo Susana, y salieron a apoyarla, entre otros, Sandro y Cacho Castaña. Puta, le dijo Hebe de Bonafini en un intento de descalificarla a ella antes que a sus ideas. Tenemos también a un dirigente rural que se siente con las pelotas hinchadas por las actitudes de otro. Y a Tinelli que no se hincha, sino que se cansa de los derechos humanos, como quien se cansa de una pesada mochila y la tira, y un Spinetta que opina que a alguna gente le quedaría bien un tiro en la cabeza. Además, un diputado y su fama por tildar a una legisladora de atorranta. Y dos figuras del deporte, como Maradona y Riquelme, incapaces de hablar cara a cara, que terminan mal un conflicto que no se llega a entender. Pero dejan rastros de sus municiones verbales, listos para disparar.
Es improbable que los autores de estas frases hayan abrevado en las precisas indicaciones dejadas por Jorge Luis Borges en "El arte de injuriar"; habría más bien que apostar que las escuelas son otras, y variadas. Todas estas enunciaciones tienen algo en común. "Hay un crescendo de la agresión, y puede ser el síntoma de la degradación de lo público y del acto social", dice María Elena Qués, docente de la UBA e investigadora de la Universidad de General Sarmiento, especialista en Discurso Político.
Para el semiólogo Oscar Traversa, docente en Teoría de los Medios de la UBA, en los actos de habla en los que predomina el exceso "se habla a sí mismo; no es hablar con otro, sino a uno para afianzar un lugar, como cuando un papá le levanta la voz a un hijo pequeño para reafirmar un lugar de autoridad que él cree adjudicarse".Antes de entrar en el análisis de las frases, vale detenerse en una generalización que hace Oscar Steimberg, semiólogo y escritor, profesor de posgrados en el IUNA y en la UBA. "Hay algo en el discurso mediatizado que tiene que ver con una suerte de triunfo permanente de la oralidad sobre la escritura.
Antes de la década del '60, la palabra estaba construida con los cuidados de la escritura. Por un tiempo tuvo interés el triunfo de lo otro, de la frescura, la espontaneidad, el hablar sin plan. Pero cuando los políticos hablan sin el molde de una oratoria lo que triunfa es la falta de cuidado. En la espontaneidad también están las obsesiones, la repetición, la imposibilidad de cambiar de tema. Es posible que salga lo peor".
En nuestros ejemplos hay pobreza argumentativa. De esto habla María Elena Qués, a propósito de la reciente marcha en Plaza de Mayo. "Cuando el rabino Bergman dice que no hay que confundir el legado de Perón con la locura de Nerón, puede ser un juego efectista, con rima, para el público congregado en la marcha, pero no hay un argumento desplegado, el cual no se aceptaría por su pobreza. Da cuenta de una especie de pereza por un lado y de cierto menosprecio por el interlocutor por otro. Y cuando un cura (Guillermo Marcó) dice que la pena de muerte la deberían aplicar los mismos jueces, es un argumento por el absurdo que llama la atención viniendo de un religioso".
El profesor de Sociología del Lenguaje en Letras de la UBA Roberto Bein, lingüista, aporta conceptos de la retórica clásica para analizar algunas frases. Por ejemplo, el tipo discursivo polémico. "Es un pseudo argumento: no trata de destruir los argumentos del contrario, sino al contrario mismo mediante lo que llamamos falacias no formales, como descalificar a la persona que habla en vez de sus argumentos, la llamada falacia ad hominem (casos Bonafini y el diputado Montoya) o la falacia ad maioritatem, que es: como lo opina la mayoría, entonces tengo razón". Esta falacia es utilizada por los que sostienen el discurso pro pena de muerte, partiendo del supuesto de que es una opinión mayoritaria: "Susana dijo lo que todo el mundo piensa". Lo que piensa Steimberg es que los discursos de justicia por mano propia están en el borde: "Ningún dolor puede justificar que los accesos de ira sean la base de un razonamiento argumentativo".
A María Elena Qués, como a tantos, le sorprendió escuchar a Spinetta diciendo que a algunos habría que pegarle un tiro en la cabeza. "Viene de una tradición cultural de transgresión y progresismo, del rock que fue víctima del autoritarismo", dice. Por eso ella lo ve como síntomas de la degradación del lazo social. "Tiene que ver con cómo nos tratamos los unos a los otros, con el esfuerzo intelectual que se hace para argumentar en público. ¿Hasta qué punto tratamos de estimular el pensamiento del otro o simplemente azuzamos la ira, el resentimiento?".
Más allá de las palabras que en los chicos no pueden decir en el aula, pero otros pueden decirlas en la radio, a estos especialistas les preocupa el acostumbramiento a estas falsas argumentaciones que no buscan más que descalificar al contrario.
Fuente: Diario Clarín, domingo 22 de marzo de 2009.